Había una vez una niña muy egoísta, caprichosa y sus padres se los consentían todo.
La niña veía a los otros niños y le daban asco, decía que eran pobres y que nunca serían tan buenos como ella.
A nadie le caía bien esa niña, pero no le podían decir a nadie porque tenía a todo el mundo sobornado.
Un día, sus padres murieron y ella se fué a vivir con su abuela.
Su abuela no era tan consentidora, y la niña, acostumbrada a estar mimada, lo pasaba muy mal.
Desde esos días los niños empezaron a vengarse por lo que le hacía la niña.
Ella lloraba. Un día, un niño la consoló y se hicieron amigos. Él siempre la defendía. Desde ese día la niña valora todo lo que tiene mucho más. Hasta parece otra.